Comentario sobre “Adán fue creado a imagen de Dios”

By Dr. Eren Tatari and Dr. Nur de Villa

Aunque algunos estudiosos ven estas palabras proféticas (hadith) como problemáticas, muchos también las consideran de gran importancia.  Es trascendental que esta parábola se entienda no necesariamente desde un punto de vista literal sino reconociendo Sus atributos y no  Su apariencia.  Es decir, Dios  ha creado a Adán (seres humanos) para poder reflejar Sus atributos.  Por consiguiente, cada uno de nosotros, al igual que Adán (que la paz y las bendiciones estén con él), hemos sido creados a imagen de Dios para reflejar dichos atributos desde un punto de vista práctico.  De la misma manera, el verso 95:4 del Sagrado Corán indica: “En verdad, creamos al hombre en la mejor constitución”  (Corán)[i].  Dios constantemente hace que reflexionemos  sobre los “signos” en nuestro interior: “Y EN LA TIERRA hay signos [de la existencia de Dios, visibles] para quienes están dotados de certeza interior, como [hay también signos de ello] en vosotros mismos: ¿es que no veis?”  (Corán,  51: 20-21)[ii].  Por ende, la parábola, hace referencia a los signos existentes en nuestro interior.

¿Después de haber hablado sobre estas palabras proféticas, podemos atrevernos a decir que somos la obra de arte de nuestro bello Creador, y los “signos” en nuestro interior son  Sus atributos?  Lo que se encuentra en nuestro interior, así como todo lo que se refiere a nosotros mismos, es perteneciente a Dios.  (Así como lo son  nuestro cuerpo y sentidos,  también lo son nuestra manera de pensar y comportamiento.)    No existe nada en la creación que no sea perfecto.  Los Atributos del Creador se manifiestan en ella en la mejor manera posible.

¿Qué debemos hacer con esta realidad existente?  ¿Debemos estar orgullosos y  ser arrogantes, dejándonos llevar por una carroza donde las riendas las lleva nuestro ego?  Una vez que seamos concientes de que somos capaces de reflejar los atributos divinos, como espejos, es nuestra responsabilidad expandir este potencial y vivir constantemente en esta realidad.  Cuando cometemos una acción y reflejamos Su inmensa misericordia, debemos entender que esta compasión no es perteneciente a nosotros, sino que viene de Dios.  Nosotros sólo somos las herramientas para que dichos atributos se manifiesten.

Mejorar este potencial no significa incrementarlo, ya que hemos sido dotados con la capacidad de reflejar estos atributos divinos.  Nuestra responsabilidad es dejar que estos nombres se reflejen en nosotros sin “taparlos.”  Por ejemplo, si decidimos no reflejar uno de los nombres de Dios: “El Más Compasivo” y actuamos sin compasión, estamos hiriendo nuestro potencial y propósito de nuestra creación.  Cuando dejamos que estos atributos se manifiesten en nosotros es gracias a Dios.  En otras palabras, cuando le ayudamos a alguien acudiendo a “esa voz” que escuchamos en nuestro interior  (actuando de la manera en la cual hemos sido creados), debemos entender que en realidad no somos la fuente de esa virtud, sino que simplemente somos espejos reflejando Sus atributos.

Cada persona ha sido creada con habilidades distintas.  El erudito y poeta Rumi lo expresó con las siguientes palabras: “Cada taza creada por Dios esta llena, pero algunas tazas son más pequeñas que otras…No obstante, todo mundo tiene la misma responsabilidad hacia su Creador: Sumisión.  Dios nos ha favorecido con esta taza (usar nuestras habilidades utilizando nuestra máxima capacidad de la manera más complaciente para Dios.  Entonces nos podremos preguntar: “¿Qué es lo que Dios quiere de nosotros?”  Nuestro Creador nos educa constantemente con Sus Escrituras y Sus Mensajeros para aceptar la realidad tal y como es: para hacer conciencia de que nada nos pertenece y que todo viene de Dios.

Tenemos una gran responsabilidad.  Como seres humanos, estamos cargando las joyas más valiosas del tesoro: Sus atributos divinos.  No importa cuantos años carguemos estas joyas si no nos beneficiamos de ellas.  De lo contrario, si las utilizamos de la mejor manera posible, nos favorece inmensamente.  No debemos cubrir estos atributos mientras se manifiestan en nosotros.  Tampoco debemos adueñarnos de ellos (atribuirlos a nosotros mismos) o profanarlos (utilizarlos de manera errónea).

Hemos sido creados a imagen de Dios.  Asimismo hemos sido dotados del potencial para poder manifestar los atributos divinos para conocer a nuestro Creador.  De esta manera podemos percatarnos de Dios mediante nuestra propia existencia.  Por consiguiente, nuestra responsabilidad como seres humanos está compuesta de dos partes: la primera: conocer a Dios (reconociendo sus Atributos Divinos); la segunda: actuar de acuerdo con el primer concepto.

Conocer a Dios es fe (iman); actuar de acuerdo con ello es la acción (amel).  La fe viene antes que la acción.  Inevitablemente, cometer alguna acción sin conciencia trae como consecuencia la arrogancia.


[i] El mensaje del Qur’an.  Traducción del árabe y comentarios: Muhámmad Asad.  Traducción al español por Abdurrasak Pérez.  Junta Islámica: Centro de Documentación y Publicaciones.  Córdoba,  España, 2001.

[ii] Ibid.



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