La educación del Corán

By Dr. Eren Tatari and Dr. Nur de Villa 

Según los estudios del Corán, el mensaje esencial de este libro es tawhid.  Tawhid es una palabra árabe que significa Unidad (de Dios).  Esta definición sugiere la continua afirmación de que Dios es “Uno y único”.[1]  Igualmente podemos encontrar este concepto en la shahada o declaración de fe: la ilaha ila Allah  (No existe dios mas que Dios).  A primera vista, parece ser una definición fácil de entender.  No obstante, someterse a esta verdad es todo un proceso.

Una de las debilidades más grandes del hombre es darle Atributos Divinos a las causas.    Causa y efecto…Si viéramos un huevo, asumiendo que nunca habíamos visto a un pollo salir de un cascarón, nunca nos hubiéramos podido imaginar que una criatura así pudiera salir de tal cascarón.  El huevo y el polluelo no muestran ninguna similitud aparente.  ¿Cómo es entonces, que el ser humano cae en la trampa de atribuirle cualidades de creador al huevo, pensando que el éste es lo que produce al pollo?  Dios es el verdadero Creador,  es la Causa de las causas.

Bueno, y entonces…¿Cuáles son las causas?  Pensemos en el mensaje universal de los Libros Sagrados.  Todos nos recuerdan que tenemos a un Creador, mostrándonos sus inmensos Atributos para llegarlo a conocer.  Estas escrituras también nos indican que observemos los signos  (ayat) en la creación del universo y posteriormente que nos miremos a nosotros mismos (y veamos hacia nuestro interior).  Esto es el sentido de la vida: ver, reflexionar, sentir y actuar en nombre de Dios, sin atribuirle cualidades a cosas, que no son propias de las mismas, sino del Creador  (Ej.  “Soy inteligente”).

En esta lucha constante, las causas juegan un papel importante en hacernos entender la Unidad de Dios.  Observamos el huevo, el polluelo, los átomos, etc. y confirmamos esta Verdad.  Nos damos cuenta que así pasen un millón de años, un huevo es incapaz de crear a un pollo.  Confirmamos que ninguna de estas “cosas” son dueñas de las características que aparentemente poseen.  Después de observar y haber comprendido que las cosas por sí solas son incapaces de hacer algo, nos dirigimos a nosotros mismos, a nuestro interior.  Asimismo, concluimos que nada realmente nos pertenece.  Este proceso de sumisión nos lleva a tener una gran certeza en Dios: la fe (iman).

Demos otro ejemplo.  Yo mismo, puedo ser un signo que indica los Atributos Divinos del Creador: Si cometo una acción de una forma compasiva, usando mi voluntad, estoy operado como un espejo que refleja la clemencia del Más Misericordioso.  Asimismo, fui creado con una capacidad innata de amar a todo lo hermoso.  Una flor también es un signo que demuestra los Atributos Divinos de Dios.  La flor ha sido creada y diseñada por el Más Perfecto.  La relación que existe entre la flor y yo mismo, es el sentimiento de admiración/amor que surge hacia la flor, el cual no puede ser explicado por filosofías materialistas.  ¿Por qué es que una criatura, constituida de carne, sangre y huesos  (igual que la fisiología de un pollo), de repente puede sentir una admiración inmensa hacia la belleza de una flor  (mientras que un polluelo se comería la flor, en lugar de observar su belleza?

Nos podríamos preguntar entonces, la razón por la cual tenemos un sentimiento “negativo” tal como el enojo o celos, si Dios es el responsable de crear nuestras emociones.  El motivo principal es el siguiente: Los sentimientos creados por Dios son solamente causas sin incluir sendos efectos.  Cuando nos sentimos enfadados, somos concientes de que no deseamos sentirnos así todo el tiempo.  Es decir, no nos identificamos con el enojo y queremos encontrar una armonía, la cual sí podemos reconocer innata en nosotros mismos.  Por consiguiente, percibimos que existe una sabiduría profunda en el propósito de la creación de cada cosa y de esta forma confirmamos que el Creador es el Más Sabio y no crea absolutamente nada en vano.

Pongamos otro ejemplo.  Digamos que nos enfadamos.  Sin embargo, como tenemos  voluntad, podemos escoger si realmente queremos seguir con el enojo o si queremos controlarlo.  Es justamente esta, la lucha constante de disciplinar a nuestra alma vanidosa (nafs), la que nos permite trascender como individuos.

Lo mismo sucede con el sentimiento del amor.  Sentir amor por algo/ alguien o enojo, no implica algo “bueno” o “malo.”  Así como un cuchillo (bisturí) puede ser utilizado para asesinar a alguien, el mismo cuchillo puede ser usado por un cirujano para salvarle la vida a alguien.  Así como una persona hace uso del cuchillo  manera correcta y salva vidas, de la misma forma debemos utilizar los signos de nuestros sentidos/ sentimientos para canalizarlos de una forma positiva, por medio de nuestra voluntad.  Esto nos ayuda a  comprender que dichos sentimientos no son más que obsequios del Creador, revelándonos Su Gran Misericordia.

¿Cómo podemos relacionar los conceptos vistos previamente con la educación del Corán?  Dios nos enseña en el Corán, como observar los signos en su creación para establecer una relación con Él y llegarlo a conocer (marifatullah).  De esta forma podemos incrementar nuestros conocimientos sobre nuestro Creador, conectado todo con tawhid (viendo que todo la creación tanto externa (universo), como interna (humano) son signos que revelan al Uno, a la Unidad de Dios).   Es así como realmente podremos vivir plenamente y encontrar una paz interior, ya que vivimos en esa realidad, si nos sometemos con todo nuestro ser, a La Verdad Absoluta.


[1]Addalati, Hammudah.  Luces sobre el Islam.  Segunda ed.  B.M.H.  p.21



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