Tercera reflexión sobre el Corán: Todo se postra ante Dios

By Dr. Eren Tatari and Dr. Nur de Villa 

¿Es que no ves que ante Allah se postra cuanto hay en los cielos y en la                               tierra, la tierra, el sol, la luna, las estrellas, los árboles, las bestias y                              muchos de los hombres?  Y hay muchos también que deben ser castigados.  A quien Allah envilece no hay quien lo honre, es cierto que Allah hace lo que quiere. (Corán 22:18)[i]

Una de las primeras cosas que capta nuestra atención al leer esta aleya del Corán, es el uso de min (quien), al ser empleado para referirse a cosas inanimadas como la tierra y el sol.  La palabra árabe min  se utiliza cuando se hace referencia a seres vivos  y concientes, mientras que la palabra ma (traducida del árabe como que) se utiliza para seres inertes.  Por lo tanto, podemos decir de acuerdo al Corán, que el sol, la luna, las estrellas, etc. se postran ante Dios concientemente.  La mayoría de los otros versos se refieren a la adoración de Dios de cosas inanimadas, mientras que esta aleya hace hincapié en que estos objetos se postran ante Dios (yescud) como seres conscientes.

¿Qué significado podemos encontrar en esta aleya?  ¿Por qué me comunica Dios esto?  La respuesta es porque debemos ver a toda la creación como entidades vivientes que se postran ante su Creador y entender cómo Lo adoran.  Cuando reflexionamos ante la creación, debemos ser concientes de su postración ante Dios, para poder confirmar la revelación del Corán.

Cuando leemos la aleya mencionada anteriormente, al principio pensamos que  el verso habla de los ángeles existentes en la Tierra y en el Cielo.  No obstante, posteriormente nos damos cuenta que la aleya menciona las montañas, estrellas, animales y humanos.  La aleya alude tanto a la postración de las montañas y las estrellas, como la postración conciente de algunos seres humanos (voluntad) y las coloca en el mismo plano.  Ciertos humanos escogen postrarse ante Dios, por medio del libre albedrío que se les ha otorgado.  Tal vez este concepto sea un poco complicado de entender al principio, ya que la mayoría de nosotros no fuimos educados de esta manera.

La aleya hace uso de la palabra “muchos”, cuando se refiere específicamente a los seres humanos.    Esto nos indica que todas las otras entidades vivientes (que forman parte del universo) se postran ante Dios.  Sin embargo,  no todas pero “muchos” de los seres humanos se postran ante Él.  Esto es gracias a la voluntad que los mismos poseen.  Algunos humanos, mediante el uso de su libre albedrío, deciden no postrarse ante Dios.  No obstante, su cuerpo sigue adorando al Creador independientemente de que hayan escogido no postrarse ante su Él.

Posteriormente, la aleya menciona que muchos hombres merecen ser castigados.  El libre albedrío tiene sus propias consecuencias.  El no postrarse ante Dios trae como resultado estrés y frustración.  Estos sentimientos son un obstáculo para encontrar la paz interna que constantemente intentamos encontrar los seres humanos.

¿Qué es realmente la postración y por qué se considera la misma algo tan importante?  La postración es una sumisión total a nuestro Creador.  Las montañas y los animales nunca tratan de demostrar que son seres independientes.  Tampoco expresan que todas sus características y cualidades les pertenecen.  Por consiguiente, la postración es declarar ser un esclavo de Dios (abdullah).  Esto tiene una connotación negativa en el Occidente dado a su historia.  Sin embargo, ser un siervo o esclavo de Dios es en realidad un honor y no un insulto.  Ser concientes de que somos esclavos de nuestro Creador, implica aceptar y ser conciente de que nada nos pertenece y que todo le corresponde a Dios: El Más Sabio.

Ser abdullah o esclavo de Dios significa que no le damos a nada ni a nadie más importancia que a nuestro Creador.  Por consiguiente, no nos postramos ante nada que no sea Dios.  Tener al Creador de este universo tan inmenso, como nuestro Guía, es un gran honor.  Como parte de Su creación, hemos sido hechos para utilizar y disfrutar todo este universo, ya que todo es perteneciente a Él y nos ha dado Su permiso.  De modo que no le debemos nada a nadie más que a Dios.  Asimismo, nuestro Creador es Dueño de las estrellas y Día del Juicio Final.  Dios es Quien nos da la vestimenta de cada día, con Su propia ropa.  Nadie mas puede darnos un atuendo para este cuerpo, sólo Él.  Solamente Dios nos puede dar “el pan de cada día.”  Sin embargo, a veces podemos ser tan arrogantes, que no aceptamos que en realidad somos “esclavos de Dios.”  Si queremos comprender La Realidad en toda su profundidad, es importante que entendamos nuestra posición ante Dios (abdullah) y el honor que esto representa ser para nosotros: “no hay quien lo honre.”

 

También es importante que profundicemos nuestros conocimientos acerca de la creación y ver cómo todo obedece La Ley Divina postrándose ante Dios.  Por ejemplo, cuando nos comemos una sandía, esta fruta, desde que crece en su enredadera, hasta que la ponemos en nuestra boca y pasa el proceso de digestión, obedece las leyes de Dios.  Absolutamente todo, está adorando a su Creador en todo momento.

Irónicamente, Nietzsche se suicidó para declarar su independencia de Dios porque creía que el Creador jugaba con los seres humanos, como si fueran ratones.  Sin embargo, todo lo que él hizo, fue obedecer las Leyes Divinas.  Tuvo que seguir la ley de la gravedad para levantarse de una silla, por ejemplo.  Por consiguiente, la manera en la cual TUVO  que morir (suicidándose), obedeciendo a las Leyes Divinas, es  una gran ironía.

Después de haber reflexionado y estudiado analíticamente una aleya del Corán, es necesario que nos preguntemos lo siguiente: “¿Realmente comprendemos las enseñanzas del Corán?”  “¿Nos enfocamos solamente en el ritual, ignorando el mensaje más profundo que podamos aprender en nuestra vida?”  La esencia de la religión es la fe en Dios y reflexionar sobre la creación como nos enseña el Corán.


[i] El Noble Corán y su traducción comentario en Lengua Española.  Investigación Científica y Publicaciones del Ministerio de Asuntos Islámicos, Awqaf, Da’wa e Irshad.  Riyath: Reino de Arabia Saudita,  2005.



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